¿Dejamos de contar nuestras vidas en redes sociales por el engagement?

Septiembre de 2016. Piensa una red social donde plasmar una opinión sin esperar más ‘Me gusta’, más likes o algún mensaje privado. Esta inocente hambre por el engagement personal hace que me pregunte si hemos alcanzado un techo en nuestras relaciones en redes sociales. Hablo de mi generación, la de los ochenta, que sabe lo que es la vida sin Internet y que no usa masivamente Snapchat (o al menos no para lo que se supone que lo usa quienes han hecho de ella la app más revolucionaria del mundo mundial). Hemos pasado de no tener Internet ni redes sociales a contar lo que hacemos en estas y donde estamos para, finalmente, dedicarnos a cuidar nuestra comunidad con contenidos que le interesen, pero ya no tanto lo que hacemos o pensamos. Quizá es generacional, porque si no me equivoco [Cuñado Mode: ON], los YouTubers se ganan muy bien la vida contándole a millones de personas en todo el mundo lo que piensan de muchas cosas. También es a lo que se dedican muchas personas de gran influencia, a escribir lo que piensan sobre política o economía en grandes medios de comunicación. ¿Qué pasa entonces en Twitter, por ejemplo? ¿Por qué ya no me sale publicar un comentario sin un enlace, sin una foto, sin un vídeo, que genere RTs, Likes o, en el mejor de los casos, nuevos followers.

¿Te pasa como a mí y ahora ya puedes preguntar a tus amigos “¿Qué tal la semana?” porque de verdad te interesa y no tienes ni idea de cómo les ha ido?

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